Las evaluaciones. El terror de los alumnos. Entre otras cosas, debe ser auténtica. Con autenticidad me refiero a que mida todo, no sólo lo que sabe. La evaluación nos debe mostrar la adquisición de conocimientos, su comprensión y el nivel de aplicación de las estrategias de aprendizaje.
G.P. Wiggins, en su libro Assessing student performance, señala algunos criterios que marcan una evaluación auténtica:
Compromete a los alumnos en problemas reales o cuestiones de importancia en las que deben utilizar el conocimiento para realizarlas efectivamente y críticamente:
2. Ofrece a los alumnos problemas complejos y abiertos y tareas que requieran integrar conocimientos teóricos y estrategias de aprendizaje.
La pregunta que me surge es… ¿Todo lo que se enseña tiene que servir y poder aplicarse a la vida práctica? ¿No estaríamos limitando la inteligencia a las experiencias del día a día? La mente humana tiene una proyección infinita que la experiencia cotidiana difícilmente puede alcanzar ¿Por esta razón vamos a enseñar sólo las cosas aplicables? Me brotan ciertas dudas. Pero mucho, mucho más dudas me brotan de las evaluaciones convencionales. Y sobre las estrategias de aprendizaje ¿qué decir? ¿Una para todas los alumnos? Si es posible vale la pena, pues me he encontrado que muchos chicos de lo que carecen es de una forma de aprender, pero también he visto que muchos chicos tiene su forma ideal. Hay mucho en esta labor de maestros.
En mis 10 años de profesor, de las cosas más pesadas y preocupantes que he tenido que asumir son las evaluaciones. Al menos las calificadas, con nota y comentario. Muchas veces los he pasado, omitido, aniquilado e incluso destruido. Soy de los partidarios de eliminar los exámenes y evaluaciones del colegio. Lamentablemente, por obligación, las he tenido que hacer. Los papás querían saber cómo están sus hijos. Traté en esos momentos de hacerlos fáciles y prácticos. Pero enseñaba religión y música, lo que me hacía muy dificil aplicar a la vida cotidiana, salvo quizá cuando enseñaba moral o, el caso de música, el sentido del silencio. ¡Hay tanto que pensar sobre las evaluaciones!



